lunes, 10 de diciembre de 2012

Croquetas mágicas de cabrales: ahora están, ahora no están

Croquetas de cabrales
Nos declaramos croqueteros. Nos encantan todas las croquetas, desde las de toda la vida de jamón o pollo a las de calamares (imprescindibles las del Bar del Pla en Barcelona) o las de bacalao (casa Labra en Madrid se lleva la palma).

Era nuestra asignatura pendiente hacer unas cocretas conjuntamente en la era maniatados y publicarlo en el blog. Sobre todo para que nuestras madres vean lo apañados que somos y para que sepa todo el mundo que hemos superado el común miedo a la bechamel, la "grumofobia".



Y aprovechando que teníamos aun medio queso de cabrales de nuestro viaje a Asturias decidimos darle salida haciendo unas croquetas. Por cierto, antes de empezar con las croquetas un apunte sobre el queso. Se puede congelar y queda perfecto. Así hemos podido  mantenerlo desde Agosto, ya que compramos cabrales en cantidades industriales.

Me dejo ya de charlatanería y vamos con la receta.


Ingredientes para 40/50 croquetas

Para la bechamel:
1 litro de leche
60 gramos de mantequilla
60 gramos de harina
Una pizca de nuez moscada

Para el resto:
1/4 kg de queso cabrales
2 o 3 huevos
Un plato de harina
Un plato de pan rallado

Para hacer la bechamel derretimos la mantequilla en la sarten (sin que llegue a quemarse) y sobre la mantequilla derretida echamos la harina, le damos unas vueltas a fuego medio para tostarla. No debe quemarse, si no cogerá sabor amargo. Mientras hacemos esto habremos calentado en otro recipiente el litro de leche hasta llegar a hervir.

Cuando ya está la harina tostada se le añade poco a poco el litro de leche hirviendo mientras se remueve con unas varillas.
Hay que remover hasta que espese un poco (que veamos una textura cremosa) y entonces añadir la nuez moscada y el queso troceado. No pondremos sal porque el cabrales tiene mucho sabor y no necesita nada más.

Seguimos removiendo hasta que el queso esté derretido y la textura de la bechamel sea cremosa.
Servir en una fuente y dejar enfriar.

Tened en cuenta que con el queso va a quedar la bechamel más liquida de lo que estamos acostumbrados. Pero luego en la nevera en unas horas (mejor si es un día) cogerá la textura ideal para croqueta.

Sólo nos queda "emborrizarlas" que se dice por nuestra tierra.
Un plato de harina, otro de huevo batido y por último el de pan rallado. Se les da forma (de croqueta) y se pasan por todos siguiendo el órden anterior.
El último paso es muy importante. Hay que freirlas en aceite muy caliente y con el fuego en el máximo darles un par de vueltas (lo justo para que se doren un poco, que serán segundos) y se sacan. Si las dejamos más tiempo en el aceite lo más probable es que revienten y se les salga la vida.

Ya están listas nuestras croquetas y como bonus os cuento un truquito de mi madre, para no tirar nada.

Con el pan rallado sobrante y el huevo de haber "emborrizado" las croquetas hacemos una masa añadiendole además ajito picado a trocitos pequeños, sal y perejil. Cogemos con una cuchara pequeña la masa poco a poco y la freimos en el aceite caliente que acabamos de freir las croquetas. Esto es lo que mi madre llama "tortillitas de pan rallado". Está muy rico y así no tiras huevo, que da mucha penita tal y como está la cosa.
Croquetas en un plato


Esperamos que las hagáis y os queden riquísimas.

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